Experiencia por Programa ESCALA

 

Mi nombre es María Azul Quiroga, estudiante de Bioingeniería de FIUNER. Estoy
 cursando materias de la carrera de Física-Médica en el Instituto de Biociências en la Universidad Estadual Paulista "Júlio de Mesquita Filho " (UNESP) en Botucatu, São Paulo, Brasil,  gracias al programa ESCALA Estudiantil que pertenece a la Asociación de Universidades del Grupo Montevideo (AUGM).

Mi viaje comienza mucho antes de la fecha de partida a Botucatu. Por medio de compañeros de facultad y redes sociales, me contacté con chicos argentinos que también iban a realizar programas de intercambio en Brasil el primer cuatrimestre de 2014 y con estudiantes brasileras  de UNESP que me ayudaron, desde conseguir alojamiento hasta como moverme en la ciudad y en la facultad.

Así conocí Agustina y Pablo, estudiantes de agronomía de UNL, y ya a comienzos de Diciembre organizamos juntadas para conocernos, en Esperanza y Oro verde. Entre los 3 nos ayudamos para los largos y complicados trámites de la VISA de Estudiante y organizamos de comprar juntos los pasajes de ida y vuelta. Además, y por suerte, Agustina iba también a Botucatu y conseguimos vivir juntas. Hoy en día ella es mi compañera de viajes, mi descanso después de todo el día hablar y pensar en portugués, con quien comparto extrañar las costumbres y la familia...

Llegada a Botucatu, las chicas brasileras nos recibieron en su casa muy contentas y nos ayudaron muchísimo en la adaptación.

Aquí en Brasil es muy diferente de como los estudiantes viven en Argentina. Los estudiantes viven en “Repúblicas”, casas grandes, de varios cuartos para compartir, a veces hasta 15 estudiantes viven en una misma casa. En la mía somos 7 chicas, y después de haber vivido 6 años sola, fue todo un desafío al comienzo, pero realmente estoy muy feliz de poder conocer otra forma de vivir  la vida de estudiante. 

Con respecto al idioma, sólo sabía hablar muy poco, lo básico aprendido en algunas vacaciones en Brasil y una frase que era mi “muletilla”: “Por favor, pode falar mais devagar? ”, “Por favor, puede hablar más despacio?”. Con las clases en la Facultad no tuve problema, la comprensión no fue complicada, después de dos semanas entendía la mayoría y después de un mes y medio ya pude hablar casi todo de corrido.

En las materias que estoy realizando he aprendido muchísimo. La clases prácticas se realizan en el Hospital de Clínicas (HC) de la Facultad de Medicina de Botucatu, Hospital escuela de UNESP donde tenemos contacto con todo tipo de equipamiento de última tecnología.

Después de un mes, decidí aprovechar mi estadía para tener  una visión del rol del Bioingeniero en el ámbito laboral en otro país. Estuve buscando en el HC de UNESP una práctica profesional y fue difícil debido al tamaño del mismo, pero finalmente encontré el Departamento de Ingeniería Clínica. El personal del departamento me abrió las puertas para trabajar con ellos fácilmente, y me apoyaron en todos los trámites que tuve que hacer para ingresar. Paso muchas horas de la semana acompañando las actividades que realizan, teniendo contacto con médicos, enfermeros, ingenieros, tecnólogos en salud, técnicos, aprendiendo todos los días algo nuevo. Todos están  siempre disponibles para enseñarme, la verdad q estoy muy feliz de estar trabajando con ellos. 

Este intercambio no sólo me ha enseñado en lo académico, sino también en lo personal. He conocido, hermosas personas de todas partes del mundo. Argentinos; santafesinos, cordobeses, entrerrianos, formoseños, bonaerenses, chaqueños, misioneros. Brasileros;  paulistanos, cariocas, mineros, gaúchos, nordestinos. Españoles, colombianos, ingleses, italianos, chilenos, holandeses, franceses…

He viajado sola y muy acompañada, me he encontrado argentinos por todas partes, viviendo hace poco y mucho tiempo, e incluso, y muy sorprendida, me he encontrado de casualidad con argentinos conocidos, y siempre y con cada uno de ellos, se siente ese sentimiento de pertenencia, ese sentimiento como si fuésemos hermanos. Ojalá los argentinos nos comportáramos dentro de nuestra patria como nos comportamos entre nosotros en el extranjero.

Hoy, después de más de dos meses y medio fuera de mi país, sólo tengo palabras de agradecimiento. A mi familia, por el apoyo desde el comienzo, emocional y económico. A la UNER, por darme esta oportunidad, y al personal de la FIUNER, que han estado SIEMPRE ayudándome, en cada cosa que precisaba, antes de mi viaje y actualmente. 

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